INTRODUCCIÓN
por Paloma Eslava, Escritora, investigadora, y critico de arte.
Miembro de la Asociación Internacional de Criticos de Arte (AICA).

 

Ramón Manzañido
y la trascendencia de un instante

Hablar sobre la pintura de Ramón Manzañido es nombrar color entramado de armonía y equilibrio, en un ámbito realista, donde la naturaleza envuelve y captura la mirada.

Si bien en sus comienzos experimentaba la liberación de una pincelada impresionista, pronto supo determinar su propia caligrafía, de gusto clásico, transmitiendo en sus cuadros las emociones que hacen vibrar su mundo, el toque evanescente del romanticismo que esconde el sentimiento más personal y, por tanto, una visión ensoñadora de lo que sin grandilocuencias nos rodea, pero se plasma y se concreta en los cuadros de Manzañido, como un instante mágico e irrepetible.

En su vasta producción –que secretamente pretende satisfacer todos los gustos- , no se limita a un solo tema, sino que explora con mirada inquieta la realidad y experimenta, con diversas técnicas, desde el óleo al pastel. Destacan, sin duda alguna, los paisajes de Urgell, su tierra natal, en los que el artista se deleita con total entrega, y se percibe el sentimiento profundo a través de una composición equilibrada, una gama cromática estudiada al detalle y un tratamiento minucioso de cada elemento. Siempre he notado la tendencia que tiene Manzañido de situar el horizonte muy alto, lo cual me recordaba las características perspectivas de los paisajistas holandeses. No es casual que también podamos comparar la variedad tonal en sus paisajes de Holanda, a los que el pintor dedica unos encuadres difíciles, muy peculiares, pero capaces de reflejar a la perfección el juego de la luz entre los árboles, la atmósfera y las sombras, creando una estupenda superposición de planos.

Entre paisajes y magníficas naturalezas muertas de flores, Manzañido potencia un aire misterioso y melancólico, un realismo romántico, si cabe, que analiza los elementos en primer plano para marcar la profundidad. Todo ello está impregnado por el deseo impelente del artista, de comunicar emociones, de gritar a través de la naturaleza, que vivir es una pasión y, transmitirla con la pintura y el arte, es la mágica manifestación de sensibilidad que nos ayuda a trascender y conseguir la inmortalidad, aunque sólo sea por un instante, lo que dura una mirada.

Paloma Eslava
Escritora, investigadora y crítico de arte.